Entrevista a Pablo Herrero, profesor de la Universidad Lyon 1

¿Quién es Pablo Herrero?
Me llamo Pablo Herrero, soy profesor de la Universidad Lyon 1 y vivo en Francia desde hace casi 20 años. Llegué como estudiante de erasmus, formo parte de la primera generación Erasmus. Despues conocí a mi mujer allí y ya me quedé en Francia.

¿Qué estudios ha realizado?
Es largo de contar. Estudié económicas en España, luego hice biblioteconomía y documentación y después estudié la carrera de geografía e historia, hice un curso de adaptación, 3º y 4º año en Granada y 5º en Francia. Entretanto, estuve a punto de terminar graduado social y después hice un máster en enseñanza del español como lengua extranjera.

¿Por qué decidió ir a Francia?
Porque me interesaba mucho la cultura francesa, me gustaba el francés y cuando era estudiante en Granada todos los veranos iba a la parte francófona de Suiza a trabajar y fue ahí cuando ya empecé a tener contacto con el francés. Y a partir de ese momento ya empecé a interesarme en la lengua y la cultura francesa.

¿Qué le llevo a impartir la asignatura de interculturalidad en la Universidad?
Yo impartía clases de español comercial para los negocios y tenía alumnos en la universidad que estudiaban en formación dual, que trabajan y estudiaban al mismo tiempo y en su trabajo pues a veces venían a España a negociar con empresas, con clientes o proveedores, que tenían problemas de comunicación y los problemas no venían siempre del conocimiento o desconocimiento del idioma sino del desconocimiento de la cultura. Entonces lo vi como la continuación lógica de la clase de idiomas. Un estudiante que hable muy bien inglés o español y que no tenga ciertas competencias interculturales, va a tener dificultades para establecer una relación de confianza y tener una comunicación fluida con un interlocutor o una persona con la que tenga que negociar.

¿Cómo fueron sus inicios?
Cuando empecé no había casi nada. En el mundo anglosajón había mucho publicado acerca de la interculturalidad, porque ellos empezaron mucho antes que nosotros, y cuando empecé con este proyecto, hace aproximadamente 10 años, no existía nada acerca de la interculturalidad Francia-España. Primero empecé con un estudio en el que fui a entrevistar a ejecutivos españoles que trabajaban en Francia y ejecutivos franceses que trabajan en España con un cuestionario que había establecido, y a partir de ahí empecé a sistematizar la experiencia de las personas que habían sufrido el choque cultural en primera persona. Después formé parte de distintos congresos e hice varias publicaciones y ese trabajo fue lo primero que se hizo entre Francia y España.

pablo herrero (id: 211)He leído que promovió posibles intercambios estudiantiles con la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago de Chile, así como con universidades de México, Argentina o Canadá. ¿Qué beneficios puede tener el intercambio de estudiantes?
Todo son beneficios, además hablo en primera persona ya que yo he sido estudiante de intercambio. Los estudiantes tienen una mentalidad mucho más abierta y además existe una preparación para trabajar con compañeros de distintas nacionalidades. Hay que recordar que hace 20 años una empresa tenía todos los proveedores en un radio de 150 kilómetros y hoy en día tenemos proveedores en medio mundo, incluso el trabajador sedentario tiene que trabajar con personas de otras nacionalidades, aunque sea a través del teléfono. Por ejemplo, en la gestión y la administración, es muy importante tener cierta competencia y cierta experiencia internacional. Hemos cumplido 25 años del programa Erasmus, la Unión Europea hizo un informe sobre lo que ha aportado este programa a la población estudiantil europea y en el informe se destaca una cosa: a nivel de empleabilidad, tiene una incidencia importantísima y positiva para los estudiantes que han participado en un programa Erasmus.

Estos estudiantes encuentran trabajo más fácilmente, más rápidamente, y el primer sueldo es mucho mejor que el de un estudiante que no ha tenido esta experiencia. ¿Por qué? Ahí está lo interesante. No es forzosamente porque hablen mejor un idioma o porque conozcan mejor una cultura sino, también, porque se les presupone valores y competencias que se buscan en el mercado de trabajo: autonomía, independencia, ir hasta el final de un proyecto, tener sentido de iniciativa, ser personas emprendedoras… todo esto lo obtiene un estudiante al irse a vivir a otro país. Las experiencias Erasmus en cierta medida, se han banalizado, por ejemplo, en los estudios de gestión y administración en Francia, donde una parte importante de los estudiantes ya iban al extranjero, y ahora muchos estudiantes que buscan desmarcarse, intentan irse fuera del continente europeo donde el contexto económico no es el mismo y donde también existen más oportunidades para la gente joven. Esto hace que en la política de desarrollo internacional en el departamento en el que yo trabajo haya una voluntad por explorar nuevas vías de colaboración con países fuera del continente europeo. Por ejemplo, este año mandamos a 26 estudiantes en prácticas a Canadá, tenemos convenios de colaboración de intercambio académico y estudiantil con varias universidades en México, en Chile, en Argentina, algunos proyectos en Ecuador, en Uruguay o en Colombia y, todas las vías son puertas que abren algo que es muy positivo para un estudiante de nuestro departamento, el tener al menos la posibilidad de ir a estudiar a esos países.


¿Qué proyecto tiene en la Escuela Universitaria de la Cámara de Comercio de Bilbao?
La Escuela Universitaria de la Cámara de Comercio de Bilbao forma parte de la oferta que nosotros proponemos a los estudiantes que tienen el proyecto de venir a estudiar a España, tenemos convenios en Granada, en Murcia, en Barcelona y ahora en Bilbao. Dentro de la diversidad del estado español, a mí me parecía importante tener un convenio con Bilbao, más concretamente en la Cámara de Comercio, por dos razones: primero, por la pedagogía y la enseñanza ya que es bastante parecida a la nuestra, en grupos reducidos y, la segunda razón es, porque están en contacto con el tejido económico y empresarial del lugar donde está implantada la Cámara.

¿Cómo ve usted Bilbao?
Bilbao es una ciudad dinámica que ha cambiado mucho y ha sabido salir de una crisis muy importante. La primera vez que vine a Bilbao fue hace aproximadamente 25 años y si me hubieran dicho lo que hoy es Bilbao no me lo hubiera creído.

En la charla que nos ha dado antes, me ha gustado mucho la expresión que ha utilizado “vide le disque dur”, esto es, vaciar nuestro disco duro. ¿Cómo cree que podemos hacerlo?
No tengo ninguna fórmula milagrosa, vaciar el disco duro sería como una utopía, sería un objetivo que sabemos que es inalcanzable porque un ordenador no se puede dejar sin sistema operativo y, efectivamente, nosotros no podemos parar la mente humana. Pero sí podemos hacer un esfuerzo para intentar, por lo menos, vaciar la basura y dejar los estereotipos de lado que van a contaminar en cierta medida la visión que podemos tener del otro y de la cultura extranjera. Tenemos que abandonar expresiones como todos los españoles son, todos los franceses son, todos los vascos son…

También ha mencionado la tendencia del ser humano al etnocentrismo. ¿Cómo ve Francia al mundo?
En Francia se sufre del mal de haber sido y no ser. Este mal también lo sufrió España al final del siglo XIX y principios del siglo XX con la pérdida de las colonias. Por lo tanto, ocurre que depende de con quien se hable, la interpretación que tiene del mundo va a ser distinta. La gente joven yo creo que tenga una interpretación distinta pero, hasta ahora, la gente mayor pensaba que Francia era la referencia, el centro del mundo y esto ya no es necesariamente así. Ellos tienen una palabra que resume esto: ‘la grandeur’. También hay que mencionar que actualmente muchos jóvenes franceses comienzan su carrera profesional en el extranjero y pienso que ellos van a aportar una visión nueva y fresca cuando vuelvan. A favor de Francia hay que decir que culturalmente, es uno de los países más abiertos del mundo; desde Francia se tiene acceso a toda la cultura, la música, el teatro y el cine de muchísimos países.

Nos ha hablado acerca del antropólogo estadounidense Edward T. Hall y su observación y análisis del comportamiento respecto al contexto, tiempo y espacio. En base a ese análisis, ¿Qué países tienen más éxito?
Creo que es en función del momento, de la realidad y de lo que se entienda por éxito. ¿Hasta qué punto el éxito es puramente éxito económico? Ha habido una deriva cuantitativa y, hoy en día, intentamos cuantificarlo todo, incurriendo así en error. Por ejemplo, económicamente hablando, depende del país. ¿Son mejores los países que tienen una cultura monocrónica y donde hay una organización estricta? Para la producción industrial sí lo son, pero no para el mundo en el que existen cambios repentinos y frecuentes a los que hay que adaptarse en el último minuto. No creo que exista una formula mejor que otra aunque sí hay alguna que se adapta mejor al contexto económico en un momento determinado.

Ha mencionado también las 5 dimensiones culturales de Geert Hofstede dentro de la comunicación intercultural. ¿Cómo afecta en el trabajo el factor del individualismo y el colectivismo?
El ser humano es un animal gregario. El individualismo puede estar bien para ciertas cosas pero hace falta en un momento dado tener una estructura colectiva de organización. Muchas veces, el éxito de una sociedad no se mide por el éxito individual de las personas sino por la capacidad que tiene una sociedad para organizarse colectivamente. Una sociedad individualista es una sociedad que seguramente va a tener éxito a corto plazo y una sociedad colectivista es una sociedad que va a tener una visión más a largo plazo, por lo que podrían ser complementarias. Debería existir un equilibrio.

¿Y la masculinidad o feminidad de una sociedad?
Cuando hablamos de una sociedad con tendencia femenina o masculina, no estamos hablando de que haya más hombres o más mujeres, estamos hablando de que, por ejemplo, una sociedad femenina es una sociedad en la que se ha cambiado el patrón de origen primitivo en el que había una división de roles entre el hombre y la mujer, es una cultura donde se acepta que el hombre y la mujer puedan desempeñar el mismo trabajo. Una cultura masculina, es una cultura que ha conservado el patrón primitivo, en el que había una diferenciación clara del trabajo, la mujer se ocupa de la casa y el hombre se dedica a trabajar. Esta diferencia tiene una repercusión muy importante en el trabajo ya que puede crear conflictos y fricciones, por ejemplo, en culturas muy masculinas, sería difícil aceptar que una mujer joven sea la jefa de un señor mayor que pertenece a una cultura más masculina.

Ha hablado también sobre las distancias jerárquicas. Leí el libro ‘Soy economista y os pido disculpas’ y la autora, Florence Noiville, hablaba del elitismo que aun existe en las universidades francesas. ¿Cómo ve esta situación?
En un primer momento, era un elitismo republicano que, hoy en día ha cambiado bastante. Era un elitismo donde se buscan a los mejores. Ese sistema de educación sería como el departamento de recursos humanos de una sociedad. Buscaban élites, dirigentes de una sociedad a través del sistema de enseñanza en el que se daban posibilidades a las personas más inteligentes y más capaces. Era un sistema meritocrático, el mérito era la clave para poder ascender, no significaba forzosamente que todos procediesen de familias acomodadas. Actualmente, ese sistema ha evolucionado, y nos damos cuenta de que la movilidad social es un poco más limitada. Ese sistema que en otro tiempo abría puertas, hoy en día puede que las esté cerrando. La elección que una persona hace a los 16 y los 21 años es capital para el resto de su vida y su carrera profesional. El estudiante que se esfuerza y logra entrar, por ejemplo, a una buena escuela de ingenieros ya es casi mejor que ser funcionario. Por el contrario, en Alemania el 25% de los dirigentes de empresas importantes empiezan desde la base de la pirámide, y mediante la promoción interna y la formación profesional, logran ascender. En Francia no encontramos eso, allí encontramos a gente que ha estudiado en una Grande École.

¿Qué opinión tiene acerca de la globalización?
Todo tiene un recorrido y puede que haya una vuelta atrás en todo eso. Hasta ahora estamos conociendo sus efectos positivos y ahora tenemos que ver si no hay efectos negativos también.

¿Cómo ve el papel de la mujer en el futuro empresarial?
Pienso que va a ser un papel cada vez más importante, conforme se van desarrollando los países, vamos viendo un aumento en la presencia de mujeres en el sistema de enseñanza superior, y eso quiere decir más mujeres formadas y, por lo tanto, más mujeres preparadas para tomar las riendas. El grado de evolución de una sociedad se mide en la manera de gestionar colectivamente los problemas existentes y también se puede medir en el papel que se le da a la mujer.